México 68 ¡No se olvida!
Tabasco Hoy 2003-10-02, 1408 visitas Correo

Hoy se cumple el XXXV aniversario de la matanza del 2 de octubre en la Plaza de las tres culturas.
* La palabra poética logró reflejar el dolor y la impotencia del México de entonces.

Norma L. Domínguez
Tabasco HOY

A 35 años de sucedido el movimiento social universitario de 1968 en México, mucho se ha escrito pero no se ha dicho todo. Miles de cuartillas, interpretaciones y suspicacias dan cuenta de este acontecimiento, calificado por analistas políticos -Carlos Monsiváis entre otros- como el movimiento revolucionario nacional más importante en las últimas décadas del siglo XX.

En torno a la protesta manifiesta que cada año evoca a los caídos en Tlatelolco, se han creado una serie de símbolos y por tanto una secuela reflejada en todas las actividades humanas, siendo el arte una hoja en blanco donde se ha creado la mayor parte de los testimonios que sobreviven a esta afrenta social.

Poetas como José Emilio Pacheco, testigo presencial de lo acontecido hace 35 años realizó con su obra, una interpretación en contra de la intolerancia de esos días. Por ello, en este significativo aniversario, rescatamos este ejercicio realizado por Pacheco como un poema colectivo e involuntario, hecho con frases entresacadas de las narraciones orales y, en menor medida, de las noticias periodísticas que Elena Poniatowska recoge en La noche de Tlatelolco (1971). No se emplearon los textos literarios allí transcritos, con la excepción final de unas líneas tomadas del artículo que José Alvarado publicó en Siempre! Unos días después del 2 de Octubre.

Las voces de Tlatelolco

Eran las seis y diez.
Un helicóptero
sobrevoló la plaza.
Me dio miedo.
Cuatro bengalas verdes.

Los soldados
cerraron las salidas.

Vestidos de civil, los elementos
del batallón Olimpia
-mano cubierta por un guante blanco-
iniciaron el fuego.

En todas direcciones
se abrió fuego a mansalva.

Desde las azoteas
dispararon los hombres de guante blanco.

Y disparó también el helicóptero.

Se veían las rayas grises.

Como pinzas
se desplegaron los soldados.

Se inició el pánico.
La multitud corrió hacia las salidas
y encontró bayonetas.

No había salida:
la plaza entera se volvió una trampa.

-Aquí, aquí batallón Olimpia.
Aquí, aquí batallón Olimpia.

Comenzaron descarga aún más intensas.
Sesenta y dos minutos duró el fuego.

-¿Quién, quién ordenó todo esto?
Los tanques arrojaron sus proyectiles.

Comenzó a arder el edificio Chihuahua.
Los cristales volaron hechos añicos.

De las ruinas saltaban piedras.
Los gritos, los aullidos, las plegarias
bajo el continuo estruendo de las armas.

Los dedos pegados a los gatillos.
Le disparan a todo lo que se mueve.
Y muchas balas dan en el blanco.

-Quédate quieto.
Si nos movemos nos disparan.

-¿Por qué no me contestas?
¿Estás muerto?

-Me voy a morir, voy a morir.
Me duele.

Me está saliendo mucha sangre.
Aquél también se está desangrando.

-¿Quién, quién ordenó todo esto?
-Aquí, aquí batallón Olimpia.

-¿Quién ordenó todo esto?
-Hay muchos muertos.

-Asesinos cobardes, asesinos.
-Son cuerpos, señor, son cuerpos.

Los iban amontonando bajo la lluvia.
Los muertos bocarriba junto a la iglesia.

Les dispararon por la espalda.
Las mujeres cosidas por las balas.

Niños con la cabeza destrozada.
Transeúntes acribillados.

Muchachas y muchachos por todas partes.
Por todas partes

Los zapatos llenos de sangre.
-Vi en la pared la sangre.

Los zapatos sin nadie llenos de sangre.
Y todo Tlatelolco respira sangre.

José Emilio Pacheco
Poeta mexicano

Universidad Pedagógica Nacional [UPN-México]
Cuerpo Académico: Historia del Presente (Tel. (55)5630-9700 ext. 1421) © 2001-2006
El material periodístico que conforma este sitio se reproduce conforme a lo dispuesto en el Art. 148, Fracción IV de la Ley Federal del Derecho de Autor y exclusivamente para fines académicos y de investigación educativa
Todos los logotipos y marcas comerciales en este sitio son propiedad de sus respectivos dueños